"Hay
en Lumpérica, la primera novela de Diamela Eltit, una
escena particularmente inquietante. En ella, la protagonista, L. Iluminada,
estrella su cabeza contra un árbol, y luego ' va hacia el centro
de la plaza con la frente dañada -sus pensamientos- se muestra
en el goce de su propia herida, la indaga con sus uñas...'
Esta última frase se vincula con la escritura de Eltit en ese
gesto que hace imposible la cicatrización; sus textos son como
esas uñas que indagan en una herida que nos pertenece a todos.
Cada párrafo, cada línea actúan como una incisión
sobre los olvidos privados y sociales, como un tajo sobre el que se
volverá una y otra mmmmmmmmmmvez.
Esa herida es la zona en la que nace la palabra escrita"
Sandra
Lorenzano,¨Cicatrices
de la fuga¨
Por la Patria
rescata las zonas desplazadas del ser latinoamericano y configura
un perfil de una época acosada por el signo violento de lo
marginal.
Coya, personaje reducto de una historia mestiza y convulsa, se convierte
en el centro de una memoria que apunta a los nudos familiares, mediante
sucesivas visiones de un ser victimado por el poder.
Coya, deviene en Coa en una aguda polifonía donde el relato
emerge como la gran ópera del lenguaje patrio.
(de
la nota de contraportada)
Conforme
a la tesis de la autora de que "el cuerpo es un territorio moral
donde ensayan su eficacia o su fracaso los sistemas de poder",
y que incluye desde la genitalidad al erotismo, el mundo del trabajo,
la familia, etc., en esta novela toda las situaciones poseen un "énfasis
corporal" obsesivo. Un embrión habla desde el vientre
materno de cómo fue gestado, de la génesis de su hermana
melliza y de las vidas de los padres. Esta ficción - anotó
en su oportunidad el crítico Ignacio Valente - , la del "feto
consciente y pensante" , "permite una lúcida ojeada
a los sentimientos más ocultos de la maternidad, de la existencia
sexuada y de la femineidad"; y su incursión - como observa
Eugenia Brito, otra analista de su obra- en el incesto, que en la
novela aparece movilizando múltiples significados. Se trata
no sólo de la aceptación genital, "extraer del
otro el sentido que le permite afirmar su yo en el mundo", sino,
más allá de ello, según sostiene Diamela Eltil,
instalar a la pareja "en sistuación intrauterina, es decir,
constituida desde siempre, con su juego de identidades, ambigüedades
y culpas".
(de
la nota de contraportada)
"El
gesto de la aproximación al cuerpo y al hermetismo de la lengua
del loco había sido decisivo en ese insólito testimonio
que es El Padre Mío, testimonio -es un decir- contado
en primera persona por un loco indigente, grabado y -en el quiebre
de su palabra- transcrito por Eltit. En el prólogo a ese hermoso
libro dedicado, como El infarto del alma, a 'descifrar
[la] dolorosa y definitiva verdad' del loco, Eltit señala lo
siguiente: 'El Padre Mío era diferente. Su vertiginosa
circular presencia lingüística no tenía principio
ni fin. El barroco se había implantado en su lengua móvil
haciéndola estallar'. El encuentro con el loco posibilita 'el
relato del relato' de la literatura, sugiere Eltit. Es decir, inscribe
una fábula de su origen, la ficcionalización de aquello
que ha hecho posible la inscripción de su letra, el relato
de la ley alternativa del lenguaje también estallado y quebrado
de la literatura. 'Hoy recuedo que pensé', dice Eltit, que
la lengua rota del loco 'es literatura, es como literatura'.
Julio
Ramos, ¨Dispositivos
del amor y la locura¨
"En
Vaca sagrada, se representa un cuerpo aparentemente vaciado
de toda referencia, puro espectáculo. A través del deambular
de la protagonista narradora por una ciudad hostil, y por medio de
sus encuentros equívocos con una serie de cuerpos seudoajenos,
la autora fabrica la 'ilusión de una trama verdadera'. Una
patología de la cotidianidad caracteriza el cuerpo femenino
marcado por alguna forma de desplazamiento (desmembramiento, desintegración),
de ausencia o carencia (imperfección, hambre, enfermedad, desempleo,
soledad, herida) y de exceso, de sobra (tatuaje, maquillaje, abuso,
golpe, vicio, mentira, lenguaje). La analogía con el cuerpo
urbano condensa el malestar y el posicionamiento ambiguo y perverso
del sujeto enunciador.
"Diamela Eltit considera el cuerpo (sobre todo el cuerpo tentado
o marcado por el nomadismo) como 'uno de los territorios más
ideologizados por la cultura'. El cuerpo es uno de los lugares por
excelencia donde se negocia el espectáculo de la realidad [...]olpe,
vicio, mentira, lenguaje). La analogía con el cuerpo urbano
condensa el malestar y el posicionamiento ambiguo y perverso del sujeto
enunciador."
Claudine Potvin,
¨Nomadismo y conjetura: utopías y mentira en Vaca sagrada¨
"¿De
dónde vuelve Diamela Eltit? Me refiero en parte a El infarto
del alma, un libro, un acontecimiento notable producido por Eltit
en colaboración con la fotógrafa chilena Paz Errázuriz,
publicado en 1994 por ese excéntrico y arriesgado editor Francisco
Zegers, y armado a partir del frágil diálogo entre las
palabras de la escritora y los encuadres fotográficos de los
rostros de la locura. Libro insólito que por su tamaño
y sobre todo por la conmoción que genera al leerlo resulta
difícil de manejar y casi imposible de colocar en los lugares
previstos, en los estantes clasificatorios de nuestras bibliotecas
universitarias. ¿Cómo leerlo, pues, sin colocarlo bien?
"El
infarto del alma documenta el viaje de la fotógrafa y la
escritora al hospital psiquiátrico de Putaendo, a las afueras
de Santiago de Chile, hospital estatal para locos indigentes, donde
entre los estragos más extremos de la miseria, entre los muros
del poder en su ejercicio de la dominación casi absoluta y
despojada de mediaciones, las viajeras son testigos del amor entre
los locos, la proliferación insólita de parejas de locos
enamorados. Extrañas parejas, dispositivos del amor, cuyas
articulaciones trabajan a veces las formas y las existencias más
diversas -por la edad, la raza, el tamaño o procedencia- produciendo
junturas, alianzas, en los lugares más inesperados, y sin responder
-pareciera- a ningún principio regulador, a ningún interdicto
que no sea el de los cuerpos que en el cuerpo de los otros encuentran
las formas más básicas e irreductibles de la alianza
y la solidaridad. Hombres y mujeres: parejas, al fin y al cabo; hombres
y mujeres cuyas alianzas confirmarían también la fuerza
irreductible de la solidaridad, de la resistencia, incluso bajo las
condiciones más extremas, en ese espacio del sometimiento y
la dominación casi absoluta. Hombres y mujeres"
[...]
Julio
Ramos, "Dispositivos
del amor y la locura"
"En
un lenguaje superabundante, densamente entretejido, poético
a la vez que descarnado, creador de un mundo ficticio pero, en sí,
verosímil, cuyo único referente externo es el conflicto
de una pareja por la educación y tutela del hijo, nos entrega
Diamela una novela de contrapuntos, construida desde una poética
del espacio
-cuerpo, casa, calle y vecinos, ciudad, occidente, mundo-, el que
se cierra en círculos concéntricos que van, de fuera
hacia dentro, desde un Mundo mutilado, inhabitable, por la ingratitud
y perfección inherentes a la especie humana, a un Occidente
-¿Hispanoamérica?- cuya fachada, orden y destino no
resuelve sus contradicciones internas de riqueza y miseria, de sometimiento
y libertad, a una Calle con Vecinos arrogantes a la vez que inseguros
por temor a perder el poder alcanzado, a la Casa -refugio y fortaleza-
en la que habitan madre e hijo, hasta quedar en el último círculo,
reducidos al espacio de su propia corporeidad -calavera, hombro, hambre,
fémur, sílaba, cadera, piel."
José Luis Samaniego, en la entrega del Premio José Nuez
a Diamela Eltit
" En Los trabajadores de la muerte Diamela Eltit trae
los cuerpos y las voces de sujetos populares al espacio de la novela
para desafiar el concepto de «mercado»
neoliberal. Para mostrar la agresión contra los sujetos subalternos
que compiten por un espacio propio, Eltit parte del mito y del folklore,
de los desechos y desperdicios urbanos y de las imágenes de
violencia ejercidas sobre los cuerpos femeninos. En la novela los
sujetos subalternos son definidos, principalmente, por su deseo de
narrar. Esta situación le permite a Eltit cuestionar la forma
de engendrar historias o cuentos; se destaca entonces la búsqueda
del poder narrativo de parte de los personajes, ejercicio que consiste
en fijar un lugar y un nombre dentro de la historia. Los pobres y
los abandonados, entonces, evocan una amplia gama de experiencias
artísticas, dirigen su fuerza para transformar las reglas del
lenguaje e imponer su voz en el mundo. Estas figuras menores, en última
instancia, constituyen las guías principales de una ley narrativa
que llegará a exponer la ficción del mercado [...]
"Al
igual que las leyendas y los mitos clásicos, Los trabajadores
de la muerte está motivada por un enigma que requiere la
elaboración de una historia. El enigma, por supuesto, encuentra
su articulación en el poder de los sujetos populares y la resistente
cultura de las calles; sirve como una forma de ímpetu de la
narración mientras inaugura un campo creativo. Este enigma,
pues, requiere una resemantización de la esfera pública,
obligándonos a pensar en los espacios donde se encuentran los
ciudadanos y los subalternos; este enigma nos insta a trazar el cruce
donde nacen lo estético y lo político, el sitio para
la revisión de la historia."
Francine
Masiello,¨Los trabajadores
de la muerte: estética y mercado¨
La
estética de la novela Mano de obra se preocupa de construir
un mundo alucinante, cuyos materiales apuntan a un sitio de nadie,
con personajes cautivos en una agobiante mecánica de sobrevivencia
y de horror. Allí estalla la violencia como sitio programático
de la degradación humana hasta convertir los cuerpos en zonas
residuales.
Mano de obra es una aguda revisión del proyecto cultural
de la aldeal global en tanto escenificación de las maniobras
de los sistemas dominantes, depositadas en el supermercado posmoderno,
que se erige como un museo que exhibe de manera mmmmmmmmmmexuberante
la nueva alienante condición social.
(de
la nota de contraportada)