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Editorial

Son harto conocidos los trágicos sucesos del pasado 11 de septiembre, así como los otros que les han seguido: están en pleno, monstruoso apogeo cuando se escriben estas líneas, y quién sabe adónde habrán llegado cuando empiece a circular el presente número de la revista. El optimismo y el deseo de que en el mundo la sensatez y la dignidad empiecen a triunfar sobre el salvajismo y el horror no deben movernos a desconocer ni a subvalorar los peligros que se ciernen sobre la humanidad. Los textos que a continuación reunimos nos permiten ser breves en esta nota, pues en el saldo de aquéllos puede hallarse lo esencial de nuestras ideas sobre los hechos ocurridos o en marcha, y sobre el sombrío futuro que, en lo inmediato al menos, parece forjársele al planeta. En esos textos se expresan también las razones de nuestras esperanzas de que los pueblos, ayudados por todas las fuerzas de buena voluntad, hallen caminos para que, lejos de extinguirse, el género humano logre cauces de vida dignos. Empieza esta sección con un fragmento del discurso que el compañero Fidel Castro Ruz pronunció hacia el anochecer del mismo 11 de septiembre en el acto –convocado desde días antes– con que se reinauguró en la capital cubana la Escuela Formadora de Maestros Salvador Allende, lo que, en cualquier caso, habría constituido también un renovado homenaje al digno presidente chileno muerto durante la masacre desencadenada veintiocho años atrás en su país por fuerzas de la reacción interna con apoyo y órdenes de la CIA. Después del fragmento de ese discurso, en el cual Fidel hizo pública la Declaración Oficial del Gobierno de Cuba con respecto a la tragedia ocurrida horas antes en los Estados Unidos, aparecen «Varias opiniones» suscitadas por los acontecimientos. Las hemos colocado por orden alfabético, según los apellidos de los respectivos autores, pues su cronología habría sido difícil de establecer rigurosamente: no pocas de ellas surgieron casi a la vez, y se han reproducido en distintos medios. A menudo nos llegaron por correo electrónico, y en general ofrecen inseguridad para señalar dónde se publicaron por vez primera, salvo el texto de Carlos Gabetta, quien nos lo envió en las planas de Le Monde Diplomatique (edición bonaerense, que él dirige) de octubre. Debido a la enorme cantidad de opiniones valiosas, y teniendo en cuenta el carácter de nuestra revista, nos hemos limitado a seleccionar apenas algunas de las emitidas por autores latinoamericanos. Ello, naturalmente, nos ha privado de incluir las de otras personas asimismo relevantes. Las opiniones reunidas pudieran leerse como el núcleo de un proyecto de testimonio latinoamericano sobre la tragedia, sus raíces y sus derivaciones previsibles. Les continúa el discurso que el compañero Fidel pronunció el 22 de septiembre en la correspondiente Tribuna Abierta de la Revolución: un texto cuya profunda y honrada lucidez han reconocido personas de todo el mundo, como se aprecia en alguna de las «Varias opiniones». Cerramos con el editorial que el diario Granma publicó a pocas horas de iniciada la agresión contra Afganistán. El tiempo continúa su paso, la mencionada agresión se ha intensificado y seguimos sin la posibilidad de afirmar con certidumbre en qué pararán los terribles sucesos. Pero los fundamentos de las razones, las angustias y las advertencias de los textos agrupados en esta sección resultan cada día más incuestionables. Ojalá podamos decir otro tanto de las esperanzas y las propuestas contenidas en ellos. La humanidad lo necesita.